En este sitio se muestran trabajos que navegan principalmente entre el grabado y la fotografía. Muchas obras que aquí se muestran son el resultado del aprendizaje del fotograbado en chapa de cobre, una técnica de impresión de imágenes que maduró en la segunda mitad del siglo XIX. Una buena parte de este espacio está destinada a compartir esos aprendizajes y las principales referencias usadas, llana y simplemente porque tiene más sentido que los cambios en nuestros conocimientos sean hechos en comunidad.
La elección del soporte de una imagen es frecuentemente vista como una etapa posterior a su realización y no como parte de las decisiones que configuran su carácter. Esa decisión propicia ciertas particularidades estéticas, aunque a veces se considere que el uso contemporáneo de procedimientos fotográficos del siglo XIX aportan una impronta más fuerte a la imagen fotográfica. Esa creencia parece estar sostenida en la facilidad con la que podemos usar los dispositivos digitales. Frecuentemente una impresión digital es vista como la impresión natural de una imagen ignorando las posibles configuraciones de las máquinas o la interpretación que un impresor ha decidido para esa imagen.
Existen diversas formas de realizar matrices de grabado para imprimir fotografías. Me concentro actualmente en el aprendizaje del fotograbado que usa chapas de cobre como matrices de impresión y es a veces llamado Heliograbado, Heliogravure, Copperplate Photogravure, Photogravure, etc. El uso de sus nombres es diverso como en tantas áreas del lenguaje y se enreda aún más si se presta atención a sus usos en diferentes latitudes. Aun así, queda bastante bien identificado como el método Talbot-Klíč.
Otras técnicas de fotograbado, como las realizadas con fotopolímeros, tienen resultados muy similares. La práctica con chapa de cobre incluye muy frecuentemente algún comentario sobre la belleza de la matriz entre las razones para embarcarse en un procedimiento que es mucho más arduo, pero la elección de uno u otro proceso, tan diferentes en el esfuerzo corporal y en la infraestructura que requieren, no es consecuencia de una comparación rigurosa de sus respectivos resultados, sino más bien de lo que cada artista disfruta y pretende del proceso de realización.
En cualquiera de las modalidades mencionadas, el fotograbado es una imagen “hecha a mano”. A veces se alude a ellas como de la clase hand-pulled prints, es decir, impresiones en las cuales la transferencia de la tinta al papel se hace manualmente. La escala resulta diferente y por lo tanto es también diferente nuestra relación con ellas y el significado que podemos atribuirles. Cualquiera de sus variantes fortalece la materialidad de la imagen, su carácter de objeto, beneficiada por la potencia gráfica que permite. Pero el protagonismo que se puede elegir para la materia (esa fuerte impronta mencionada) no es algo exclusivo de este proceso de impresión, sino algo compartido por quienes, por ejemplo, se disponen a indagar en los aportes que la elección del papel permite y comienzan a relacionarse de una forma más táctil con las imágenes. Hay un amplio abanico de posibilidades en la relación que se puede establecer entre lo representado en la imagen fotográfica y la superficie de la misma.
No se tiene aquí el objetivo de preservar un oficio ni de apelar a una forma de hacer las cosas. Se trata de mostrar un reciclaje compartido de conocimientos que nos facilita encontrar e incorporar lo que es más importante para cada uno y en este caso particularmente, lo que es más adecuado para que cada autor dé forma a una obra y configure así, la personalidad de una imagen.
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